De regreso después de casi un año de silencio. Silencio literario, porque mi conciencia ha estado escuchando, mirando, analizando sin cesar el torrente de hechos que inundan nuestra vida social- la puertorriqueña y la universal- conteniendo el caudal de ideas que atropelladamente nacen y quieren vertirse en palabras que le den vida. Por qué el empeño en contenerlas, en no permitir que siguieran su curso natural? No lo sé y no me lo preguntes, amig@. Pero estoy de regreso. Tampoco sé hasta cuándo. Por ahora estoy aquí y es suficiente.
Uno de los hechos que quise comentar en este espacio durante el tiempo en que permanecí callado se repitió en dos ocasiones. La prensa del país publicó con grandes títulos (vivo insatisfecho con la calidad de la prensa del país, toda: escrita, radial, televisiva: mucha pobreza de expresión e imaginación, superficialidad e insularismo, entre muchos otros defectos) que l@s puertorriquñ@s somos, si no l@s más, casi l@s más felices del planeta. No es que yo sea incrédulo ni que subestime o menosprecie a mis compatriotas. Después de todo, estaría cuestionándome a mí mismo.
Lo que ocurre es que cuando miro a mi alrededor o leo las estadísticas recopiladas por nuestras agencias, públicas y privadas o por agencias internacionales, en cuanto a diversos renglones de la vida social puertorriqueña, no logro armonizar lo que veo o los fríos datos de los números con la alegada felicidad. Tal vez el diccionario que contiene la definición de felicidad utilizada por las personas que diseñaron la encuesta y/o llevaron a cabo el estudio de marras no es el mismo que yo utilizo.
Será tal vez que la vorágine del consumismo, de los feriados, de los reintegros, de los subsidios, de los incentivos traducidos en autos, en plasmas (mientras más grandes, mejor) y todo tipo de objetos significantes de status, además de satisfacer ese cometido, sirve también para enmascarar las profundas tristezas de una sociedad, de un pueblo que no termina de madurar, que no alcanza a comprender que su realización plena no depende exclusivamente de la satisfacción inmediata que pueda proveer el último artificio electrónico de moda ni la repetición incesante y sin sentido de frases fabricadas por los medios que sólo muestran lastimosamente la inseguridad de no saber bien quién se es: "Yo soy boricua, pa'que tú lo sepas". Para que lo sepa "el otro". Y tú, lo sabes?
sábado, 23 de agosto de 2008
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