miércoles, 18 de julio de 2018

—Yo amé a un hijo de puta—

La violencia de género y el abuso contra las mujeres no es un problema reciente de la sociedad puertorriqueña. Históricamente, han sido miles las mujeres víctimas de dicha conducta, formada básicamente por factores culturales, aunque sabemos que el mismo constituye un grave problema de salud mental. De hecho, insisto, dicho problema tiene fundamentalmente su origen en factores socio-culturales, muchos de ellos surgidos en el seno de la institución dentro de la cual nos incorporamos a la sociedad: La familia.


Sin embargo, en los meses recientes hemos visto un incremento muy preocupante del problema de la violencia de género.  Recientemente la prensa destacó el dato de que el pasado se reportará más de 8,400 casos de violencia de género. Recalco: se reportaron. Sin duda, la cantidad de casos ocurridos fue mucho mayor ya que una gran cantidad de los mismos no se informan.

En la edición del 12 de julio de 2018, el diario Primero Hora ofrece un breve resumen de las muertes por violencia de género durante el presente año. Hasta el 3 de julio se habían informado un total de 10 asesinatos de mujeres. A esto hay que sumar el asesinato de varios menores y el suicidio de algunos de los autores de los mismos.

Por otro lado, el acoso sexual por parte de funcionarios y ejecutivos del gobierno ha acaparado los titulares de la prensa durante el presente año, quedando en nada las acusaciones en muchos de esos casos. 

La situación ha llegado a tal punto que el aumento en los casos de violencia doméstica, agresiones sexuales y hostigamiento ha motivado que la coordinadora Paz para las Mujeres, colectivo que reúne 34 entidades feministas en cuya agenda figura, de manera prominente, la erradicación de la violencia de género y la agresión sexual en Puerto Rico. Estas se reunieron para examinar esta situación y acordaron declarar una Crisis Nacional para las Mujeres. 

No tengo la menor duda de que dicha crisis es real.  Las estadísticas son claras pero, como señalé anteriormente, la mismas va mucho más allá de los números. 



Si buscamos el origen de las raíces de este grave problema social, nos remontamos a los mismos inicios de la sociedad y la cultura puertorriqueña. Ya la cultura de los colonizadores españoles traía consigo la visión que pasó a formar parte de la personalidad de ese nuevo ente llamado "cultura puertorriqueña". Luego de la invasión estadounidense de 1898 y ya con el desarrollo del capitalismo en el siglo 20, aunque hubo algunas áreas en las cuales las mujeres comenzaron a obtener ciertos derechos gracias a sus reclamos y luchar, aún siguió-y sigue-persistiendo con amplios sectores de la población masculina ideas sexistas y machistas que los impulsan a ejercer poder sobre las mujeres. Y, lamentablemente, muchas mujeres aceptan dichas manifestaciones por considerarlas "correctas". 

A pesar de que diversas organizaciones feministas, sobre todo a partir de la década de 1970, se han manifestado militantemente a favor de los derechos y la igualdad de las mujeres, la reacción del Estado ha sido en términos generales, insuficiente. Entre otras medidas, se aprobó la Ley 54 de 1989, dirigida a la prevención de la violencia doméstica, se creó la Procuraduría de Asuntos de la Mujer y, más recientemente, se aprobó la Ley número 59 de 2017, que entró en vigor el 1 de julio de 2018, que ordena la creación a la Ley de Prevención e Intervención con la Violencia Doméstica. El Departamento de Justicia ha informado que este registro ya se ha establecido. Independientemente de que, en efecto, el registro se haya establecido, no hay dudas de que el mismo no tendrá la efectividad señalada en la ley habilitadora del mismo si las agencias a cargo no llevan a cabo su labor con eficiencia y sin demoras. Y, además, si no hay una amplia y continua campaña de orientación a todos los niveles, el registro tampoco tendrá la efectividad necesaria para alcanzar su primer objetivo: la notable reducción de la violencia de género.

Pero la responsabilidad del Estado va más allá.  La Legislatura, con la influencia de sectores religiosos fundamentalistas, representados en varios legisladores, lograron erradicar la educación para la equidad de género en nuestras escuelas. Nuestro sistema educativo ignora totalmente la multiplicidad de estudios y trabajo de investigación desde la perspectiva académica y científica, en materias como la Sociología y la Psicología que prueban ampliamente los fundamentos de origen sociocultura y conductuales de la violencia de género. Sin embargo, nuestro sistema escolar rechaza cualquier acercamiento a la doctrina de equidad de género motivado exclusivamente por una ideología religiosa fundamentalista que cada vez más va siendo echada a un lado por diversas sociedades del planeta.

Es dentro de ese panorama tan que la psicóloga y consejera en rehabilitación, Norma "Lisa" Rosa Muñoz, publica un texto con el resonante título Yo amé a un hijo de puta (2018), Publicaciones Gaviota, San Juan, Puerto Rico. Este libro ofrece un recorrido por una serie de casos de violencia doméstica o de género, historias reales ocurridas en el seno de la sociedad puertorriqueña, algunas de las cuales finalizan con la muerte de la víctima y muchas otras con una vida destrozada emocionalmente.

Yo amé a un hijo de puta no es un texto científico, ni pretende serlo. La autora lo describe como una herramienta dirigida a provocar una toma de conciencia en todas las mujeres, particularmente en las que han sido víctimas de maltrato por parte de su pareja o expareja. Es decir, ella lo proyecta como un libro de autoayuda que le permita a la mujer escapar de la violencia doméstica de la que ha sido o es víctima o prevenir su caída en ese proceso que la privará de su libertada, de su dignidad y, muy probablemente, de su seguridad física y hasta de su vida.

En este excelente texto la autora comienza describiendo y definiendo al hombre a quien ella denomina "un hijo de puta". Luego explica cómo éste es un fenómeno generalizado en diversas partes del planeta. A continuación narra una serie de "historias de la vida real", producto de una serie de entrevistas que la autora realizó a diversas mujeres. La autora hace una pausa para narrar su experiencia personal dentro del mundo de la violencia del hogar para, finalmente, dedicar los capítulos finales al proceso de recuperación y reconstrucción de este terrible proceso de la violencia doméstica, proveyendo y sugiriendo diversidad de técnicas y estrategias dirigidas a la recuperación de la salud mental y emocional de la mujer víctima de la violencia de parte de su pareja a expareja.

Dije anteriormente que éste no es un texto científico. Es muy emotivo al definir el problema y su gestor, el "hijo de puta". Sin dudas, totalmente subjetivo. No entra a examinar el trasfondo socio-cultural de la conducta violenta y agresiva de esos individuos. Tampoco entra al análisis de los problemas de salud mental que rodean al mismo.  Sencillamente, son "hijos de puta". Es a partir de esa exposición que yo señalo que el libro no es un texto científico. Pero debo aclarar algo: la autora no pretende que su libro tenga ese carácter.  Y ahí radica el principal mérito del mismo. Ante la situación terrible de violencia que ahí se describe, Rosa Muñoz abre una amplia ventana ofreciendo a todas las mujeres víctimas de dicha conducta una amplia luz de esperanza.

Las historias narradas en Yo amé a un hijo de puta son intensas y estremecedoras. Casualmente conversaba hoy en el Tribunal con una psicóloga profesional, con grado de Ph. D., antes de que llamaran nuestro caso en torno a la Ley de Saludo Mental, cuando me solicitó examinar mi copia del libro luego de mostrárselo y procedió a leer la primera de las historias reales, la de Cristal, joven mujer asesinada por su esposo, quien luego se suicidó, dejando huérfanos a sus tres hijos. La doctora leyó el texto, me devolvió el libro y con una mirada y voz cargadas de emoción, me expresó lo impresionada que la lectura la había dejado.  En horas de la tarde, en mi oficina, una cliente a quien entrevistaba, observó el libro y me preguntó dónde lo podía comprar, pues presenció el programa televisivo en el cual se entrevistó a la autora y se comentó el texto.  Sin dudas, creo que el objetivo de Norma "Lisa" Rosa Muñoz se alcanzará plenamente.  ¡Ojalá que contribuya efectivamente a reducir este grave problema!






jueves, 28 de junio de 2018

Hola, mis querid@s amig@s de La mirada extraviada.


Estoy nuevamente compartiendo con ustedes mis ideas, opiniones, análisis, en fin, mis miradas, aunque sean extraviadas, a nuestra sociedad puertorriqueña y, por qué no?, al mundo. Desde mi entrada anterior ha transcurrido bastante tiempo, mi pensamiento no ha permanecido inalterado y mi mirada continúa extraviada. Es parte de lo que quiero compartir con ustedes.

Deseo, además, compartir con mis lector@s otros temas y preocupaciones, divulgar actividades vinculadas con la cultura, en particular con la literatura, el cine, la música, la educación. También me propongo abordar temas sociológicos y políticos  de actualidad.  Para temas jurídicos, pueden acceder el blog Rincón Jurídico en mi portal Oficina Legal Pedro Rodriguez Vázquez, dirección www.abogadodeutuado.com. En fin, espero abrir-o reabrir- un espacio de reflexión mediante el cual se mantenga abierto el diálogo que tante falta nos hace.

L@s invito a acceder  y leer este espacio regularmente. Y a opinar, discrepar o agregar otras ideas vinculadas con los temas expuestos. De esa manera estaremos contribuyendo al debate formativo que tanta falta nos hace. Pueden acceder el blog desde la dirección www.lamiradaextraviada.blogspot.com. Están disponibles mis primeros escritos de La Mirada Extraviada. 

Gracias por estar atentos a esta mirada.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Estampas de Teyo Gracia en DVD

En el año 2008, el reconocido director de cine puertorriqueño, Luis Molina Casanova, produjo y dirigió, para el Departamento de Educación de Puerto Rico, la filmación de 12 cortometrajes sobre una serie de estampas del escritor Abelardo Díaz Alfaro en torno a su alter ego, Teyo Gracia. Este personaje "debutó" en la radio puertorriqueña en 1959, a través de WIPR AM, entonces afiliada al Departamento de Instrucción Pública.

La obra de Díaz Alfaro en el cine de Molina Casanova no es nueva. Recordamos que hace varios años filmó "Cuentos de Abelardo", donde recreó algunos de los textos más conocidos del insigne escritor cagueño.

Los cortometrajes filmados por el cineasta cialeño fueron agrupados en cuatro discos de formato DVD y a éstos se le añadió otro disco, éste de formato CD-ROM, con valiosos materiales didácticos para maestr@s y estudiantes de las escuelas públicas del país, a quienes iba dirigido el proyecto.

Sin embargo, en el camino entre la conclusión del proyecto por Molina Casanova y la sala de clases, los DVD's se "extraviaron" en algún lugar. Al cineasta se le requirió la entrega de todo el material así como de los derechos sobre su obra. Pero no se le entregó a l@s maestr@s el mismo.

Ahora, desde el mes de febrero de este año, probablemente ante la inminencia de la investigación del Departamento de Educación de los Estados Unidos, agencia que financió el proyecto, en torno al mal uso por parte del DE de fondos federales, se ha convocado a algun@s bibliotecari@os para entregarle una copia del proyecto para que sean sus "custodios" y lo tengan disponibles para su uso en las clases de español. Sin embargo, he hecho una encuesta "relámpago" entre maestr@s de español del Distrito Escolar de Utuado y nadie conoce el proyecto. Algo raro está pasando.

Otro detalle que contribuye al pensamiento de que algo extraño ocurre con este proyecto es el comentario o "entrada"que aparece publicado en el "blog" de una maestra de Tecnología Educativa del Distrito Escolar de Caguas I. En dicha "entrada", la maestra habla del proyecto como si se tratara de un cortometraje, cuando en realidad son doce. Pero eso no es lo importante, pues puede tratarse de una legítima confusión. Lo relevante del escrito de la maestra es que atribuye el proyecto a una "Editorial Electrónica" del DE y la concepción del proyecto a una funcionaria de dicha agencia, llamada Dra. Diana Quirindongo. Pero en ningún lugar se reconoce la autoría de Luis Molina Casanova, quien podrá haber cedido los derechos de uso y divulgación del trabajo, pero conserva sus derechos intelectuales como creador. Tampoco se reconoce en el escrito mencionado la calidad y el valor de este trabajo en el ámbito de la creación artística, en este caso, en la cinematografía y se refiere al mismo como "un proyecto multimedios", sin resaltar, insisto, su gran calidad como obra de arte.

Me preocupa seriamente esta situación pues es una muestra de la pobreza y mediocridad intelectual con la cual se manejan creaciones y valores del arte puertorriqueño. Y, además, da la impresión de que, de alguna manera, puede tratarse de un intento de menoscabar importantes valores de la cultura nacional puertorriqueña.

Deseo hacer un llamado a l@s maestr@s de español de las escuelas públicas de Puerto Rico, particularmente del nivel secundario, para que reclamen del DE que les haga llegar las copias de este proyecto y puedan las mismas ser utilizadas de acuerdo con sus objetivos.

Mientras tanto, el proyecto Cine Foro, de la Universidad de Puerto Rico en Utuado, estará presentando a toda la comunidad, el martes, 9 de marzo, desde las 6:30 p.m., tres de los doce cortometrajes que forman el proyecto de Luis Molina Casanova. Invitamos no solo a l@s universitari@s para que disfruten de esta exhibición, sino a toda la comunidad aledaña a la UPR-Utuado, especialmente a maestr@s de español y estudiantes.

domingo, 7 de septiembre de 2008

Rosa y Pepín van camino a la vejez

Leo el reportaje de portada de la edición de El Nuevo Día correspondiente al 6 de septiembre de 2008, "Catastrófico estado de la salud, un riesgo enfermarse en la isla" y recuerdo como si hubiera sido precisamente ayer la aseveración que hice a mis estudiantes del Recinto de Utuado de la Universidad de Puerto Rico allá para 1994 ó 1995, cuando la llamada "reforma" del sistema de salud del país comenzaba a implantarse. En ese entonces afirmé que, en un período no mayor de quince años, veríamos cómo el estado de la salud del pueblo puertorriqueño sufriría una grave crisis. Añadía entonces que serían las personas de edad avanzada y l@s niñ@s los sectores poblacionales que se verían más perjudicad@s. Lamentablemente, el tiempo me ha dado la razón.
Dice el mencionado reportaje, basado en un informe preparado por la Universidad de Puerto Rico y el Centro para el Mejoramiento de Cuidados de Salud de la Universidad de Vanderbilt,del estado de Tenesí, que el servicio de salud de la isla puede describirse "como uno fragmentado, con una Reforma de Salud desarticulada, una infraestructura de servicios en deterioro y una fuerza laboral profesional que disminuye aceleradamente porque emigra buscando mejores salarios". Añade el informe que los servicios de salud para las personas de edad avanzada no presentan un cuadro diferente y que para este sector de la población "el futuro no es halagador". La situación se torna más difícil aún cuando se estima que para el año 2030(sólo faltan 22 años, mis amig@s)!), el 65% de la población de Puerto Rico tendrá 65 años o más. Para completar el cuadro, el susodicho informe también indica que el pésimo estado de los servicios de salud de la isla ha creado una nueva corriente migratoria de puertorriqueñ@s hacia los Estados Unidos motivada únicamente por la necesidad de encontrar acceso a mejores servicios médicos. Pero aquí viene lo que, a mi juicio, es lo más trascendental y relevante de este estudio desde la perspectiva de la sociología de la familia.
De acuerdo con el informe, la sociedad puertorriqueña atraviesa por un proceso de cambio cultural mediante el cual el modelo de familia extendida prevaleciente durante la primera mitad del siglo 20 ha ido dando paso a una nueva composición familiar en donde los viejos, padre y madre incluídos, no tienen cabida. L@s puertorriqueñ@s ya no quieren hacerse cargo de sus ancian@s y l@s envían a instituciones o a los Estados Unidos en "donde el Medicaid ofrece una mejor cubierta" que en Puerto Rico.
En la edición de hoy domingo, 7 de septiembre de 2008, aparece otro reportaje que, en primera instancia, podría aparentar que no tiene relación alguna con el informe que hemos estado comentando pero que, a poco que lo examinemos con cuidado, complementa y amplía no sólo los señalamientos del citado informe, sino las proyecciones del cambio que vive la institución familiar puertorriqueña.
En este nuevo reportaje, titulado "En descenso la tasa de natalidad boricua"(páginas 4-6), basado en datos de la llamada "Encuesta de la Comunidad de Puerto Rico" del Censo de los Estados Unidos para el 2006, se indica que la tasa de fecundidad en Puerto Rico ha ido disminuyendo consistentemente durante las últimas 7 décadas, de 5.8% en 1940 a 1.7% en el 2006. Este no es un fenómeno exclusivo de Puerto Rico y se señalan diversas razones para explicarlo, entre ellas que la mujer ha ido obteniendo mayor control de su cuerpo. Pero nuevamente llegamos al mismo punto que en el reportaje anterior: la familia puertorriqueña atraviesa por un cambio profundo en su composición, el cual se reflejará de manera marcada en la población de la isla en 30 ó 40 años. Tendremos una sociedad predominantemente compuesta por ancian@s, sol@s o con casi ningún familiar cercano, con necesidades no sólo de servicios médicos adecuados, sino de otros servicios geriátricos, entre ellos recreación y que el Estado tendrá que atender.
Las sociedades asumen y asimilan los cambios que continuamente se producen al interior de las mismas. Nada extraño hay en ello, por lo que debemos pensar que el cambio en la composición familiar puertorriqueña no tiene que desembocar necesariamente en una crisis. Lo que nos preocupa es que cambios radicales como los que se estiman que se van a producir sin duda, porque la tendencia continua es en esa dirección, tienen que ser asumidos con una planificación adecuada y, aunque suene perogrullesco, con anticipación. Lo contrario sería improvisación. Y lo que la historia puertorriqueña de las últimas décadas nos demuestra es que hemos estado funcionando a base de la improvisación en muchos renglones de la vida social de este país.
Cómo vamos a tener viejos saludables en 40 ó 50 años si l@s niñ@s o jóvenes que ell@s son hoy reciben servicios de salud inadecuados?
Dónde está el interés y las acciones concretas del Estado para impulsar más vocaciones en campos como la Gerontología y la Geriatría? Y la formación y retención de profesionales en el campo de la salud?
Triste futuro el que espera a cientos de miles de puertorriqueñ@s que hoy son niñ@s y jóvenes pero que, ley de vida, no lo serán a la vuelta de cuatro o cinco décadas. Tenemos nosotros la obligación de garantizarles un final de vida feliz y saludable por medio de la adecuada planificación de los servicios indispensables para lograr dicho objetivo. Continuar con la improvisación causada en gran medida por los intereses partidistas y de aquéll@s que se lucran con las necesidades de los demás seres humanos sería un acto de crasa irresponsabilidad.

sábado, 23 de agosto de 2008

BORICUAS

De regreso después de casi un año de silencio. Silencio literario, porque mi conciencia ha estado escuchando, mirando, analizando sin cesar el torrente de hechos que inundan nuestra vida social- la puertorriqueña y la universal- conteniendo el caudal de ideas que atropelladamente nacen y quieren vertirse en palabras que le den vida. Por qué el empeño en contenerlas, en no permitir que siguieran su curso natural? No lo sé y no me lo preguntes, amig@. Pero estoy de regreso. Tampoco sé hasta cuándo. Por ahora estoy aquí y es suficiente.
Uno de los hechos que quise comentar en este espacio durante el tiempo en que permanecí callado se repitió en dos ocasiones. La prensa del país publicó con grandes títulos (vivo insatisfecho con la calidad de la prensa del país, toda: escrita, radial, televisiva: mucha pobreza de expresión e imaginación, superficialidad e insularismo, entre muchos otros defectos) que l@s puertorriquñ@s somos, si no l@s más, casi l@s más felices del planeta. No es que yo sea incrédulo ni que subestime o menosprecie a mis compatriotas. Después de todo, estaría cuestionándome a mí mismo.
Lo que ocurre es que cuando miro a mi alrededor o leo las estadísticas recopiladas por nuestras agencias, públicas y privadas o por agencias internacionales, en cuanto a diversos renglones de la vida social puertorriqueña, no logro armonizar lo que veo o los fríos datos de los números con la alegada felicidad. Tal vez el diccionario que contiene la definición de felicidad utilizada por las personas que diseñaron la encuesta y/o llevaron a cabo el estudio de marras no es el mismo que yo utilizo.
Será tal vez que la vorágine del consumismo, de los feriados, de los reintegros, de los subsidios, de los incentivos traducidos en autos, en plasmas (mientras más grandes, mejor) y todo tipo de objetos significantes de status, además de satisfacer ese cometido, sirve también para enmascarar las profundas tristezas de una sociedad, de un pueblo que no termina de madurar, que no alcanza a comprender que su realización plena no depende exclusivamente de la satisfacción inmediata que pueda proveer el último artificio electrónico de moda ni la repetición incesante y sin sentido de frases fabricadas por los medios que sólo muestran lastimosamente la inseguridad de no saber bien quién se es: "Yo soy boricua, pa'que tú lo sepas". Para que lo sepa "el otro". Y tú, lo sabes?

lunes, 19 de noviembre de 2007

Los abogados


En reciente artículo, publicado en la edición dominical del diario "El Nuevo Día", el escritor puertorriqueño Edgardo Rodríguez Juliá hace una fuerte expresión en contra de los abogados puertorriqueños. Dice el novelista: "Siempre supe que la peor contaminación de Puerto Rico son los abogados". No voy a entrar en controversia con Rodríguez Juliá en cuanto a esa expresión ya que, aunque soy abogado, mi opinión sobre la manera como esa profesión es practicada por ciertos abogados en Puerto Rico, no dista mucho de lo expresado por éste.

Sin embargo, no puedo dejar de hacer un par de observaciones sobre el escrito citado. En primer lugar, me parece que Rodríguez Juliá trajo a los abogados "por el pelo" a su escrito. Parece que el título del artículo, "El coraje", lo llenaba todo cuando escribió, porque el sentido lógico del mismo es muy pobre. De forma incoherente salta de un asunto a otro y así descarga su coraje contra los abogados. Tal vez es contra uno sólo. Lo sabrá él. Pero esta observación no es la principal, ni la más importante. Después de todo, lamentablemente, la escritura de Rodríguez Juliá no ha tenido muchos momentos de brillantez en los últimos tiempos.
Lo que de verdad me preocupa del artículo en cuestión es que, de manera torpemente solapada, le da un espaldarazo a la pena de muerte. Haciéndose eco de los argumentos más irracionales de los sectores ultraconservadores y retrógrados de nuestra sociedad, Rodríguez Juliá descarga contra abogados, trabajadores sociales y, hasta contra Doña Trina Rivera! A ese ritmo, pronto lo veremos en alianza con De Castro Font y el pastor Font en defensa del sagrado matrimonio heterosexual.

Pero ya dejemos al novelista que de momento se nos ha movido muy a la derecha. Confiamos en que sólo sea un momentáneo desvarío producto del coraje. Vamos al verdadero tema de esta entrada(será un nuevo género literario la "entrada" en una bitácora?). Los abogados. Confieso que la idea de este tema me surgió al leer el artículo de Rodríguez Juliá. Como dije anteriormente, mi opinión sobre la práctica de la profesión legal en Puerto Rico no dista mucho de la expresada por él. Sólo que mientras Rodríguez Juliá generaliza y se refiere a la profesión en sí, pienso que en nuestra sociedad la práctica de la abogacía se ha democratizado tanto que, al igual que en muchas otras instancias, encontramos un gran número de miembros de esta profesión que ven y buscan en ella una fuente de jugosos ingresos, una manera de allegarse a los centros de poder y de obtener prestigio y privilegios. Éstos son los que promueven la imagen de deterioro de la profesión que sirve de base a opiniones como la expresada por Rodríguez Juliá.

Mi experiencia en los tribunales del país me ha puesto en contacto con muchos miembros de esta especie. Debo ser honrado y decir que conozco a muchos más que no comparten esa actitud. Sin embargo, tengo la impresión de que cada vez más aquéllos van en aumento.
Esa actitud de sectores de la profesión legal es una manifestación más del grave deterioro de la sociedad puertorriqueña. No sólo los abogados, dentro del sistema de justicia, son partícipes de esta situación. En todo el sistema, desde sus mismas bases filosóficas, permea la actitud de que el derecho es un proceso técnico que hay que cumplir al dedillo. Si al final se impartió justicia, muy bien; si no," la ley es la ley". No importa si sabemos que el conductor de un vehículo que atropelló a media docena de peatones estaba borracho hasta la inconsciencia: hay que buscar una falla técnica, un resquicio factual por donde lograr un veredicto de no culpabilidad. Ése es el Derecho. El Derecho, tal vez. La Justicia, jamás. Lo mismo puede ocurrir con lo que se considera un fin público a los fines de expropiar, mejor dicho, arrebatar a una comunidad de obreros sus tierras para construir residencias que ellos jamás podrán adquirir. Y siempre habrá abogados listos para llevar a cabo esas tareas. O con la de emplear miles de trucos para que un macharrán cualquiera se salga con la suya y no le abone a sus hijos la pensión que sus ingresos le permiten pagar pero que no quiere hacer por venganza contra la madre de éstos.

Sé que lo que estoy diciendo puede acarrear consecuencias. Por lo menos, me puede traer señalamientos de ignorancia acerca de cuál es el rol de un abogado en esta sociedad. No importa. Mi ignorancia nace del conocimiento. Por eso es sólida e inamovible.
Respeto la esencia de la abogacía("no hay esencias", repetía mi profesora Madeline Román). He tenido logros en la defensa de derechos de personas desventajadas que me han producido gran satisfacción. Pero, luego de una reflexión ponderada, tengo que suscribir las palabras de Nemesio Canales cuando abandonó la profesión legal para marchar a Caracas a dirigir la revista CUASIMODO:"Yo no nací para abogado, si es que hay gentes que nacen para abogados...que yo creo que sí. Como abogado, mi opinión personalísima es que yo era uno de tantos. Las cuestiones de derecho, ni me entusiasmaban ni me preocupaban. Por encima de ellas me preocupaban y me entusiasmaban otras cosas: esas variadas, infinitas cosas que le arañan los nervios al poeta, al músico, al bandido, al santo, al financiero, al pintor, al filósofo, a todos los que viven el drama universal. La vida-la verdadera- la grande, la eterna-, no la de ayer, ni la de mañana, sino la de hoy, la de ahora:la vida del viejo, del niño; del rico, del pobre; de la mujer, del hombre; y hasta del animal y la hoja; la vida mugrienta, escuálida, haraposa, llagada y asqueante del trabajador, y la vida lozana, opulenta, ruidosa, gentil y radiante del parásito social:todo, en fin, lo que compone el anhelar y el zumbido de la colmena humana, me exaltaba, me embriagaba, me azotaba, me crispaba... me echaba del bufete. Y salté sobre mí mismo, cerré mi bufete, dije adiós, oí y desdeñé sanos y sapientes consejos, eché a andar...Y aquí estoy".
!Cuánto anhelo poder hacer como Canales! Pero ya es un poco tarde...
Desde adentro, pues, daré las mismas batallas y procuraré atender las cosas que, como a Canales, me preocupan y me entusiasman. Sin perder la esperanza de que yo también, algún día. saltaré sobre mí mismo, cerraré mi bufete, diré adiós y echaré a andar.

Que no me callo na.. que no me da la gana!



Mucho revuelo ha provocado el incidente en el cual el "rey" Borbón de España le "ordenó" al Presidente constitucional de Venezuela, Hugo Chávez, que "se callara". Para aquéllos a quienes el líder venezolano los llena de temores o ven en sus posturas y acciones una amenaza a sus intereses económicos o simplemente son comparsas de esos grandes intereses, el exabrupto del Borbón elevó a éste a alturas de héroe mitológico.


En Puerto Rico, ejemplo inigualable de doblez y "ñangotamiento" en este planeta, salieron dos de los máximos exponentes de la fauna legislativa nuestra para proponer que el Senado colonial envíe una carta de desagravio al Borbón. Imagínense!, dos luminarias del pensamiento y la creación legislativa como Juan Eugenio Hernández(el mismo que propuso colocar un rótulo en la residencia de los ofensores sexuales) y Jorge de Castro Font(el mismo que hizo expresiones sexistas, machistas y ofensivas contra su compañera legisladora Liza Fernández por estar ausente de sus funciones legislativas por razón de parto) son los autores de este "desagravio" al "rey"del gobierno que nos oprimió y explotó por 400 años. Al mismo "rey"que es rechazado por millones de españoles que entienden que a las alturas del siglo 21 no hay razón alguna para que una sociedad tenga que mantener a toda una familia sólo por que pertenecen a la "realeza".


Un "rey"que, después de todo, no ha sido electo por el pueblo. Que, todo lo contrario, fue colocado en esa posición por uno de los más terribles dictadores del siglo 20, Francisco Franco.


Yo quisiera saber en qué, cómo, el Borbón ayuda o contribuye al bienestar de la sociedad puertorriqueña. No me vengan con el cuento de la "Madre Patria". Reconozco y acepto que nuestra cultura tiene una de sus raíces en la cultura española. Después de todo, es un simple hecho histórico. Pero una cosa es la herencia cultural, la cual apreciamos en todo lo que vale, que es mucho, y otra cosa es endosar la malacrianza de un fulano que no ha sido electo a ninguna posición política, que es heredero de un gobierno represivo y fascista y que, como si fuera poco, está defendiendo a un sujeto, José María Aznar, cuyo gobierno se distinguió por sus posiciones represivas y antidemocráticas. Parece que, a tono con su consabida ignorancia, estos pichones del aviario legislativo boricua desconocen que, contrario al Borbón, el presidente Chávez fue electo por una abrumadora mayoría del pueblo venezolano. Y si queremos adoptar una posición pragmática, quién puede ofrecernos acceso a un costo razonable al tan necesitado petróleo, el Borbón o Chávez?

En un momento histórico como el presente, en donde los pueblos de América comienzan, por fin!, a sacudirse del control y del silencio a que han estado sometidos por siglos es cuando precisamente no debe, ni puede callarse Chávez ni tampoco nosotros podemos callarnos. Este es el momento de hablar, de hablar alto y fuerte, gritar como preludio a la acción colectiva liberadora de siglos de humillación y explotación.


La soberbia del Borbón es la misma de sus antepasados, aquéllos que mandaban a callar a sus virreyes en América. Detrás de la máscara de demócrata se oculta el mismo rey imperialista del siglo XVI que cree que todavía estas tierras son sus colonias.


El Borbón es el mismo que se ofendió porque una revista española publicó una caricatura de los "príncipes herederos" para satirizar la política del Estado español dirigida a promover un aumento en la tasa de natalidad ofreciendo un bono de 2,500 euros a toda pareja que procree un hijo y, a la vez, critica a la monarquía por vivir a costa del pueblo español, sin "dar un tajo", como diríamos en Puerto Rico. El gran "demócrata"consiguió que el número de la revista con la caricatura fuera embargado por la policía, cerrar la página "web"de la misma y que un juez multara a los caricaturistas por "ofender" a la monarquía." Ése es el mismo sujeto a quien le incomoda que Chávez denuncie a Aznar por fascista. Ése es a quien los dos "genios de la insuficiencia"(disculpe, amigo Carlos Pieve, por usar su expresión) legislativa puertorriqueña quieren desagraviar. Nota al margen: el Borbón le dio un "reconocimiento"al papá de Hernández
Mayoral en 1992. Es agradecido el muchacho, no? Otra nota: si le interesa ver la caricatura de marras, búsquela en esta dirección:www.20minutos.es/data/img/2007/20/...

Más de 1,600 intelectuales de Europa y Latinoamérica se han unido en una declaración de apoyo al Presidente Chávez, con el título "América Latina no se calla". Claro, ése es un quehacer al que muy pocos de los senadores isleños tiene acceso. Nosotros endosamos esa declaración y lo que significa: No podemos quedarnos callados más ante el atropello y la explotación de los imperialistas de siempre, sean Borbones o Matojos.
No me callo! Que no me da la gana!